5/11/2007

Spider-Man 3

El hombre araña 3


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Antes que nada, es preciso rescatar el buen grado de entretenimiento que propone esta cinta. Y no es para menos. La dos horas y media de metraje de “El hombre araña 3” se pasan volando cuando uno se deja atrapar en las “telarañas” de la acción constante, la espectacular composición de secuencias de lucha y, por supuesto, los efectos especiales. Ello, sumado al fanatismo que mucha gente tiene por el superhéroe, cosnstituiría el porqué del rotundo éxito de taquilla que consiguió el filme en el mundo.
Por otro lado, también estimo preciso señalar que en “El hombre araña 3” se aprecia una agilidad narrativa que nunca había aparecido en el resto de la trilogía fílmica del superhéroe. Así, y aún reconociendo que esta característica permite que la cinta se perciba fluida en todo momento, no la contemplo como un punto del todo positivo. Y es que resulta excesivo narrar en una sola película la historia de El Hombre-Araña y el disfraz negro junto a la trama de Sandman, la venganza de Harry Osborn, el compromiso con Mary Jane, el surgimiento de Venom y la rivalidad entre Eddie Brock y Peter Parker. “El hombre araña 3” descuida y aligera demasiado algunos contenidos narrativos. Éste es el caso de la subtrama de Venom, personaje que, en el film, coexiste tan sólo unos superficiales 10 minutos, mientras que en el cómic origina toda una saga de publicaciones.
De la misma forma, también ha quedado un tanto descuidada la historia del disfraz negro. Y es que, no llegan a explotarse ante el público todos los conflictos internos que podría padecer Peter Parker al ser poseído por el ente maligno. Ahora, es verdad que se puede apreciar al protagonista haciendo algunas cosas raras como caminar chistoso por las calles y bailar muy bien. Sin embargo, no se le entiende exactamente como un villano. Por ello suena un poco raro que Mary Jane le pregunte “¿quién eres?”, en alusión a su “explícita” maldad. “¿En qué te has convertido?” Dado que no encuentro otro cambio, yo respondería: en un sujeto que se peina con cerquillo y que se delinea los ojos.
Con todo, y aunque es insertada de una forma un tanto forzosa, no puedo hablar de superficialidad en la trama de Sandman, el hombre de arena. La suya me parece la historia más profunda de todas. Argumentaré con la narración de su origen: luego de quedar atrapado en un campo de experimentos radioactivos, el villano Flint Marko es desintegrado por una extraña máquina que trabaja con arena. Cuando el proceso acaba, Flint se da con que tiene la opción de regenerarse nuevamente en una especie de monstruo de arena. Accede a ello reconstruyendo su cuerpo con extremidades que se asemejan a las de una bestia. Sin embargo, como éstas no le sirven para recoger un dije que porta el retrato de su hija, decide cambiar y pulir sus rasgos “bestiales” hasta que se transforman nuevamente en los de una persona. La simbología queda hecha: Sandman se hace humano gracias al amor.

Otra concepción


Trataré de recordar esto en cuanto me sea posible: el gado de entretenimiento que propone “El hombre araña 3” puede salvar al filme ante algunos de sus defectos. Sin embargo, no por ello me desentenderé de mi labor, ya que escribo una crítica y, precisamente, la razón de ser de este género está en la argumentación separada de defectos y virtudes presentes en una obra, mediante un juicio personal de cara al lector. Así, pues, no se evitará comentar que el principal defecto de “El hombre araña 3” son las excesivas secuencias de humor.
Tengo que admitir que la comicidad de los anteriores filmes del superhéroe me sorprendió gratamente. Sin embargo, en esta ocasión, las secuencias de humor me han parecido excesivas. Han escapado de las manos del director Sam Raimi (el mismo de toda la saga) y, a causa de ello, “El hombre araña 3” ha perdido mucha seriedad en las partes que necesitaban mesura: las oscuras.

Ahora, en el plano actoral, diré que Tobey Maguire y Kirsten Dunst, como pareja protagonista, cada vez convencen menos; sobre todo Maguire, que en esta ocasión no supo hacer de malo. Por el contrario, gustaron James Franco, como Harry Osborn y Thomas Haden Church, como Sandman. Ellos, aunque tuvieron roles similares al de Maguire, salieron mejor parados puesto que entendieron que su papel no era para una película infantil, como sí parece haber ocurrido con Maguire.
Para resumir, me gustaría calificar a “El hombre araña 3” como “una película de malos”. Con ello daría cuenta de dos cosas: primero, que se trata de un metraje de villanos; segundo, que es una cinta en la que muchos agentes actúan de forma incorrecta. Inconsistencia para mostrar maldad. No obstante, aún debo recordar, como lo propuse, que el gado de entretenimiento que propone esta cinta podría bastar para pasar por alto algunos defectos del filme. Usted juzgará cuáles.

Josué Aguirre Alvarado

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5/09/2007

Transamerica

TRANSAMÉRICA
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Resulta atractiva la doble intencionalidad que propone el título. Por un lado, el rótulo utiliza el prefijo “trans” para significar un desplazamiento; un viaje por América. Y esto nos advierte que estamos ante un “Road movie”. Sin embargo, esta ambigüedad también propone a “trans” como una apócope de “transexualidad”, un estilo de vida enmarcado dentro de la cultura estadounidense. De ahí “Transamérica”.
Ahora, con todo lo dicho sobre el título y su correcto doblaje, opino que éste no termina advertir la particularidad de la cinta. Y es que, por las descripciones, uno puede hacerse la idea de que va a presenciar un filme parecido a “Boys Don’t Cry” u otro metraje dramático que aproveche el tema las desviaciones sexuales para exhibirse de manera cruda y refugiarse en calificativos como “realista”. Pues no. “Transamérica” no es ese tipo de película.
Ocurre que, si bien los principales componentes de “Transamérica” son el drama y las carreteras, también acompaña una hábil mezcla de comedia. Hablamos de un humor que no tiene comparación al de otras cintas similares. Así, no estamos ante los burdos gags de “Reinas o reyes”, sino que nos empapamos de una comicidad ácida que no se centra nunca en el/la protagonista. No es, por tanto, un humor que hace burla de una desviación sexual. Todo lo contrario: la cinta parodia a las personas “normales” por medio de un guión lleno de sorpresas y giros narrativos que crean situaciones realmente jocosas. El efecto es tal que me atrevería a decir, con disculpas a Duncan Tucker, el director, que estamos ante una cinta rodada desde la perspectiva de un transexual. Quizá a ello se deba la inserción algunas secuencias cómicas muy subidas de tono que, para algunos puritanos, podrían catalogarse como escandalosas. No obstante, yo recomiendo que éstas sean tomadas como parte del estilo del filme.
Por último, y dado que ésta es una película de actores, vale comentar que la actriz Felicity Huffman, que interpreta al transexual de esta película, por este papel fue nominada al Oscar en 2006. Fue una lástima que no haya ganado (o que la academia haya considerado mejor a Reese Witherspoon). Y es que no cualquiera puede actuar como alguien que finge. Porque, asumido que no es fácil actuar, hacer de hombre que quiere ser mujer, siendo mujer, es una intro-actuación que no se ve en todos los siglos.

Josué Aguirre Alvarado

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The wicker man

Culto siniestro

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A Nicolas Cage se le ha visto en todos los papeles habidos y por haber; desde los dramáticos (“Leaving Las Vegas”) hasta los cómicos (“Hombre de familia”); desde los de acción (“Con Air”) hasta los de superhéroe de cómic (“El vengador fantasma”). De esa manera, en esta oportunidad le tocó actuar en una película de Terror. Diversidad. Sin embargo, eso no siempre significa calidad. Y es que Cage, a sus 43 años, y teniendo contactos envidiables como su tío Francis Ford Coppola, se ha enredado en una atractiva serie de películas como “El señor de la guerra”, “Las torres gemelas” o la misma “Leaving Las Vegas” que le han otorgado grandes oportunidades de realizarse como actor, de tallar ese palo que tiene de cara o, como se dice en el argot actoral, de romperse una pierna. En definitiva: pudo ser un buen intérprete. Sin embargo, el actor, sólo consigue, en algunos casos, caer simpático. “Culto siniestro” es uno de ellos.
En “Culto Siniestro” Nicolas Cage interpreta a un detective dentro de una misteriosa aldea. Lo hace de manera cumplidora. No obstante, eso basta, al menos, para las pretensiones del director estadounidense Neil LaBute: realizar una buena adaptación del clásico de terror “Wicker Man”, de 1973. ¿Lo consigue? Quienes han visto la cinta original (no es mi caso) opinan que el remake de LaBute es intrascendente, innecesario y que no aporta nada a la obra original. Sin embargo, yo creo que el director se ha esforzado en crear una buena atmósfera de suspenso, que ha manejado bien un terror que se aleja de los golpes de sonido y que ha reproducido bien algunos atractivos elementos kubrickianos. Ahora, es cierto que LaBute (que también escribe) se enreda en huachaferías tales como mostrar continuamente la imagen de una niña que es aplastada por un trailer incluso dentro de un barco. No obstante, el realizador también es el responsable de una serie de simbolismos que no aparecen en la cinta original y que me han parecido bien puestos como el caso de las abejas que representan una supremacía de lo femenino dentro de la isla donde se desarrollan las acciones.
En resumen, diré que “Culto siniestro” no merece el galardón cinematográfico canadiense (CSC) que ganó; pero tampoco las nominaciones a los 5 premios Razzie (a lo peor del 2006).

Josué Aguirre Alvarado

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4/26/2007

The last king of Scotland

El último rey de Escocia
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Si yo no hubiese visto tantas cintas con los mismos planteamientos, “El último rey de Escocia” me habría parecido una buena producción. Lamentablemente, lo cierto es que después de “El jardinero fiel”, “Syriana” o “El señor de la guerra”; la trama del hombre blanco que se encuentra atrapado en el África a merced de un gobernante corrupto, no reservaba ninguna sorpresa para mí. De ese modo, la historia de “El último rey de Escocia” la percibí desgastada, con pocas novedades y argumentos poco filudos.
Todo esto me da un poco de lástima, porque reconozco que Kevin Macdonald, realizador del filme, es un director serio que ha hecho películas bien recibidas como “Un día de septiembre” (sobre los atentados en las Olimpiadas de Munich). De la misma manera, mi sentencia me llena de pena, debido la prolija actuación de Forest Whitaker, que caracteriza al excéntrico tirano ugandés Idi Amin. Y es que el trabajo del actor norteamericano me pareció bueno, sin embargo, no al punto de constituir un salvamento para que esta cinta no caiga en el cliché o en la prisión de las acciones irrelevantes. Creo que ahí se halla el principal problema del filme: “El último rey de Escocia” se enreda en cuestiones inútiles que alargan el metraje hasta lo innecesario. Me refiero pequeñas historias como un supuesto romance entre el protagonista y la esposa del medico de una aldea; pajaritos que se quedan en el aire.
Como puntos positivos podría comentar que la película no se vale de secuencias de acción (disparos o explosiones) para crear momentos de tensión; lo cual es todo un logro considerando que la historia se desarrolla en un contexto de guerra civil. Así, el director hábilmente deriva la tensión hacia los diálogos y a la rauda sucesión de hechos que, quiéralo o no, por momentos se aprecia algo inverosímil. Otra cosa interesante, aunque secundaria, es la excelente ambientación en la década de 1970. Esto se aprecia en el vestuario, los decorados, la arquitectura y otros.
Sólo por ello y quizá por la actuación de Whitaker podría recomendar “El último rey de Escocia”. Sin embargo, lo haría siempre con la certeza de que de esperaba más de una cinta del cine no comercial.

Josué Aguirre Alvarado

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Epic movie

Una loca película épica
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Dado que vivimos en una época dominada por las series paródicas “Los Simpsons” y “South Park”, no es raro que el cine de producción haya puesto en práctica las mismas técnicas que estos programas televisivos; sobre todo, cuando aquéllos proponen engancharse de películas hartamente taquilleras para colgarse de sus ventas. Hablamos casi siempre de un éxito garantizado. Tal es el caso de la célebre saga de “Scary Movie”, que ya contiene cuatro cintas y una quinta en proyecto.
Personalmente tengo que admitir que me gusta un tanto la idea de que los productores norteamericanos se burlen de los géneros más potentes de su cinematografía. Esto me parece bien siempre y cuando lo hagan con algo de estilo y humor. Por esa razón, contrario a algunas entregas de “las comedias de miedo” (sí, admito que las he gozado), ahora tengo que ponerme negativo: “Una loca película épica” no tiene ni lo uno ni lo otro. Aquí mi argumentación:
Primero: “Una loca película épica” no tiene estilo. La cinta repite sin ninguna gracia toda la parafernalia paródica de las consabidas “No es otra tonta película americana”, “No es otra película de amor” y, por supuesto, “Scary Movie”. Las fórmulas están muy manoseadas. Las actuaciones y los diálogos son demasiado predecibles. Para colmo, la historia es básicamente una versión cómica de “Las crónicas de Narnia: El león la bruja y el ropero” a la que se le ha adherido, a manera de un frankenstein, varios fragmentos de distintos filmes aparentemente épicos. ¡Ojo!, digo “aparentemente”, porque hay películas parodiadas como “Charlie y la fábrica de chocolate” o “Borat” que no pueden ser catalogadas dentro del género. Francamente temo pensar que los productores (no vale la pena hablar de directores aquí) piensen que sí. ¿En donde estaríamos?
Segundo: “Una loca película épica” no tiene humor. La mayoría de las secuencias cómicas del filme o gags han sido quemados previamente en anteriores películas del mismo estilo. Y los restantes se resumen en el insípido humor del tropezón o la cachetada. No exagero. Soy objetivo: cuando vi la película, a sala llena, en toda la hora y media del que dura el metraje tan sólo se escuchó un par de risitas y éstas (podría asegurar) se dieron en una secuencia en la que se parodia a Harry Potter y sus amigos. Creo que ésa fue la parte mejor lograda y más creativa del filme. Lástima que haya durado un par de minutos.
Josué Aguirre Alvarado

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4/22/2007

Meet the Robinsons

La familia del futuro
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Este es uno de los poquísimos casos en los que el doblaje ha impuesto un mejor título que el que propone el inglés original. Así tenemos “La familia del futuro”, rótulo que habla mucho mejor de lo que encuentra el niño protagonista en su viaje al futuro: una familia jocosamente misteriosa que va a extender ciertas conexiones con el pasado del muchacho. No es preciso, por tanto “Meet the robinsons” (“Conociendo a los Robinson”), un título que señala únicamente la situación accesoria de conocer a una familia por el mero hecho de ser disparatada (que a parte suena burdamente a “Conociendo a los Fockers”) y dejando de lado el misterio que lleva al personaje central a encontrarse con ese grupo de personas.
Creo, entonces, que el título latinoamericano le hace más honor al filme, una película inteligente, con un guión brillante, aunque con algunos problemas de nivel técnico; cuestiones por las que tengo que soltar la pregunta: ¿qué le pasa a Disney en el terreno 3D? ¿Por qué siempre queda tan mal frente a los trabajos de PIXAR? Hay que comentar que los gráficos de las películas animadas por computadora que realiza por su cuenta Disney son de tan baja calidad que nos hacen dudar si es que aún estamos frente a la misma productora que en 1937 iba a la vanguardia de la técnica al entrenar el primer largometraje de animación en colores; un hito que implantó el estándar de calidad de 24 fotogramas por segundo (que se mantiene hasta hoy): “Blanca nieves y los siete enanos”.
“La familia del futuro”, lamentablemente, no escapa a la mediocridad gráfica actual que bien se desplegó en la nefasta “Chicken Little”. Sin embargo, debo decir a favor de la nueva producción de Disney, y vaya que sí, que “La familia del futuro” pesa más por su historia; sobre todo, por la segunda mitad de la narración. Y es que resulta que
la primera fracción del filme es un tanto tópica en comparación a la sorpresiva, bien estructurada y delirante segunda parte, donde los personajes comienzan a brillar tras revelar sus verdaderas identidades.
Como dato adicional debo mencionar que la exhibición de “La familia del futuro” viene precedida de “Constructores de bote”, un clásico cortometraje de 1938 de Mickey Mouse, el pato Donald y Goofy. Viene proyectado en el tradicional formato de la época: pantalla cuadrada.

Josué Aguirre Alvarado

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Mr. Bean’s Holyday

Las vacaciones de Mr. Bean
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La película sólo tiene valor gracias al personaje de Mr. Bean. Y es que ocurre que la trama por sí sola es muy poco hilarante. Quizá se puedan encontrar ciertas similitudes con “El verano de Kikujiro”, de Takeshi Kitano pero, con todo, el guión de “Las vacaciones de Mr. Bean” tiene mucho menos brío y dista en calidad narrativa de la anterior aventura cinematográfica del personaje de Rowan Atkinson. Me refiero a “Bean: la película”.
No obstante, desde aquella cinta se realizaron algunos cambios: el primero de ellos fue reducir el número de personajes y el segundo hacer hablar menos a Mr. Bean (para que el filme refleje mejor el estilo de los cortos televisivos). Yo no sé si esto resultará mejor o peor. Lo cierto es que, aunque se molesten los fanáticos del actor inglés, tengo que confesar que me he reído igualmente con ambas películas, aunque las reconozco como comedias distintas. Así, creo que en el recién estrenado filme se nota más el humor británico que en la cinta de 1997.
Nuevamente. Ya he dicho que la historia de “Las vacaciones de Mr. Bean” no genera demasiado interés. Por ello, si uno va y no gusta del humor de Atkinson, podría comentar con justa razón que la trama del filme es una larga excusa para que el actor se luzca con sus monerías. Sin embargo, yo agregaría: lo mismo habrían dicho del gran Charles Chaplin en su época (salvando que la leyenda del cine mudo era un brillante director, compositor y guionista; mientras que Atkinson no). Asimismo, consideraría que algunos de los gags parecen haber sido reciclados de los antiguos cortos televisivos de Mr. Bean, lo cual denota cierta falta de creatividad.
Detalle a comentar: Mr. Bean, en esta aventura, abandona su antigua cámara polaroid en favor de una moderna filmadora handycam. Quizá esto indique que los años no pasan en vano para Bean, que se va modernizando; pero, con más seguridad, que ahora está más presto a lo audiovisual. Y, así, en lo que va de este año, ya hemos visto a Atkinson por partida doble en “Sálvese quien pueda” y en ésta producción, que yo creo que puedo recomendar junto a la canchita y chica morada.

Josué Aguirre Alvarado

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4/10/2007

El laberinto del fauno

El laberinto del fauno

En una palabra: joya

No se promocionó mucho. De hecho, en el cine, ni siquiera se colocó un cartel que le haga publicidad. Para colmo, llegó unos meses tarde y sólo para exhibirse en una sala pequeña. Sin embargo, “El laberinto del fauno”, al margen de haber convocado una agresiva asistencia en su semana de estreno, puede considerarse una de las mejores películas que hayan rotado por los cines de Piura en todas las épocas.
“El laberinto del fauno” es una película madura. Denota maestría. Así, ya no es el mismo Guillermo del Toro, director de “El espinazo del Diablo” y “Hellboy”, el que realiza “El laberinto del fauno”. Existe un abismo entre los dos; a tal punto que, con la nueva producción del mexicano, el cine español ha ganado una obra cumbre que muy probablemente se incluirá dentro la cinematografía universal.
Desmembremos. En primer lugar, debo referirme a las excelentes caracterizaciones de personaje. Y es que todo el elenco está bien escogido. A parte, la construcción de los caracteres es simplemente una delicia: gran trabajo de Del Toro que, además de dirigir, escribe y produce esta obra. No obstante, si tendría que destacar a un personaje de esta obra sería, sin duda, al diabólico capitán Vidal (que afirma de manera categórica sus propiedades malignas en su “brindis del por gusto”, dejando entrever que su maldad se desarrolla sólo porque sí), interpretado magistralmente por del catalán Sergi López. Sea por sus gestos, su rostro o su peinado hitleriano, López, creo yo, logra una de las mejores interpretaciones de villano en la Historia del cine. Otra actriz que brilla con luz propia, a pesar de que recién debuta, es la joven Ivana Baquero. Dada su gran expresividad, y aún después de habernos llenado de ternura en su papel de Ofelia, sobre todo en secuencias en las que le habla a su hermanito por nacer; la niña por tiene un futuro bastante prometedor en el Séptimo Arte.
Gratos momentos de aventura, excelente composición de imágenes (amparada en una potente tecnología a prueba de balas) e ingeniosa estructuración de los momentos de tensión. En “El laberinto del fauno” encontramos escenas que se distienden para potenciar la carga emotiva; aunque temo que en alguna de ellas a Del Toro se le va un poquito la mano con las imágenes duras.
A nivel de guión aprecio la interacción de dos tramas contrastantes: la fantasía, narrada a manera de un moderno cuento de hadas; y el realismo, a manos del relato descriptivo de uno de los momentos más sangrientos de la historia española: la guerra civil. Junto a esto último agradezco que la cinta no se enrede en innecesarios discursos políticos; que habrían desviado al filme de su sentido original. Es una cinta bien hecha en todo sentido.

Josué Aguirre Alvarado

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300

300

En una palabra: entretenida

Quizá sea un poco duro con “300”. Pero ello lo justifico con que la película llegó al mismo tiempo que “El laberinto del fauno” y aquella disfunción me hizo ver un poco deslucido el debut cinematográfico de su director, Zack Snyder. No obstante, con toda la objetividad que pueda ofrecer, diré que con “300” se puede pasar un buen momento, porque es un filme que divierte y que emociona por la acción constante, las delirantes secuencias de lucha y el diseño de sus monstruosos personajes. Lo visual. En eso “300” se lleva las palmas.
No obstante, a nivel narrativo, tenemos un metraje bastante pobre, pues se apoya en argumentos cliché que bien exponen películas como “Gladiador” o “Cruzada”. Por eso, intuyo que Snyder, con su guión, sólo buscó pretextos para montar secuencias de acción; momentos en los que se pudiera desentender y “ceder la cámara” al novelista gráfico Frank Miller.
No creo, sin embargo, que ello sea un total desacierto. Lo único que reclamo es que, por momentos, la acción se me hace bastante parecida a algunos fragmentos de “Sin City”. Por lo demás, las secuencias frenéticas, las coreografías de lucha y la ambientación compensan la carencia de dramatismo y la ausencia de diálogos realmente inteligentes; aunque considero oportuno recalcar que esperaba un poco más, acaso el despliegue de una sorprendente astucia discursiva de cintas como “V de venganza”, por dar ejemplos relacionados con Miller.
Por último, es atractivo el hecho de enmarcar las acciones en el prólogo de las Guerras Médicas, un episodio nada tratado en el cine. También, no deja de cautivar las descripciones más o menos acertadas de la cultura griega y espartana de la época; claro, con algunas exageraciones de por medio como la figura de los éforos que, aunque en “300” representan unos brujos corruptos, en la realidad se sabe que eran un consejo de ancianos que se elegía anual y democráticamente para apoyar al rey y hacer cumplir las leyes. No sé si valga la pena comentar que esta maniobra le resta lealtad histórica a “300”. En todo caso, no sería importante, puesto que el afán del filme no es el historicista, como tampoco lo fue el de “Satiricón”, de Federico Fellini.


Josué Aguirre Alvarado

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4/01/2007

Letters from Iwo Jima

Cartas desde Iwo Jima

En una palabra: magistral

Para aquel que quiera ver una obra maestra, aquí hay una. “Cartas desde Iwo Jima”, por su hondura y marcada emotividad, puede ser considerada una película cumbre dentro de la filmografía del prolijo Clint Eastwood y también del cine mundial.
En la crítica de “La conquista del honor” ya había adelantado que “Cartas desde Iwo Jima” era la historia de una misma batalla narrada desde otra perspectiva, la de los vencidos, la de los japoneses. Sin embargo, tras analizar el filme, creo que no estamos ante una obra complementaria, pues la película en cuestión tiene vida propia, igual que el metraje precedente. En definitiva, no se puede hablar de una primera o segunda parte; ni siquiera de dos puntos de vista distintos, salvo para intereses históricos. Más bien, se puede y debe hablar de
una oscura epopeya que agrupa a toda una legión de personajes condenados a padecer. Hablamos de una película que a penas podría encontrar un semejante en “La caída”, magistral filme de Oliver Hirschbiegel.
Uno de los grandes méritos de Eastwood con “Cartas desde Iwo Jima” se resume en, precisamente lo que películas como “Memorias de una geisha” tan sólo intentaron, plasmar la diversidad de personalidades del pueblo japonés mediante los cánones cinematográficos occidentales. Así, en el filme las actuaciones no se perciben tan duras como las acostumbradas en el cine nipón, que a su vez se basa en los mandatos del teatro Kabuki. Eastwood no se queda en los consabidos estereotipos del japonés: hombre insensible, maquinal y enfermo por el honor. Por lo contrario, se atreve a comparar a estas personalidades planas (que considera malvadas) junto a caracteres humanos que tienen historias diversas, padecimientos y que, al igual que sus enemigos, los norteamericanos, también quieren regresar a casa. Y es aquí donde hallo una de las grandes virtudes de “Cartas desde Iwo Jima”:
consigue igualar a dos culturas en la guerra más grande del mundo.
Ahora, me he reservado este espacio para comentar mi molestia con el Oscar. Está bien, admito que una película regular de Martin Scorsese, puede gustar más que cualquier otra producción en una cartelera ordinaria de cine. No obstante, cuando un filme como “Los infiltrados”, se topa con una obra del calibre de “Cartas desde Iwo Jima” considero que tiene las de perder. Así que, para negativos, ahí va la conclusión: siento cólera, mucha cólera. Considero que La Academia premió una película un tanto superflua y mal concretada, sólo por motivos de taquilla y no fue justa con la perfección en la obra de Eastwood. Pobre.
Josué Aguirre Alvarado

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El rey de los huevones

El rey de los huevones

En una palabra: parca

La publicidad en el cine puede ser bienvenida siempre y cuando no se entrometa en la historia. Así podría poner ejemplos como una secuencia del clásico filme “Balde Runner” en la que el auto volador del protagonista pasa lentamente al lado de un enorme banner de “Coca Cola”. De la misma manera, yéndonos a las antípodas del cine, esta forma de marketing se puede aguantar en cintas nacionales como “Un día sin sexo”, donde incluso se abusa un poco de la marca “Esika”. No obstante, ningún ejemplo será jamás tan deplorable como el de “El rey de los Huevones”, donde uno de los personajes se llega a enfermar sin otra razón más que publicitar las pastillas “Tapsin”, fármacos que son constante y horriblemente recomendados por todos los protagonistas a manera de receta médica.
Bueno, dicho lo dicho, y ya que en mi crítica no podría dejar pasar semejante sinvergüencería, porque es una de las muestras más claras de cómo el arte se puede llegar a vender como un soporte industrial; pasaré a ocuparme del filme en sí. De ese modo, empezaré por decir que al protagonista, Boris Quercia, le faltó un poco más de carisma. No está, creo yo, a la altura de Marcelo Mazzarello en “Pretendiendo”. Quercia, por más de que físicamente encaja en el papel, en lo actoral aburre y llega a confundir en algunos gags. Angie Jibaja tampoco convence, carece de ese encanto de primeriza que colegas suyas como Tula Rodríguez pusieron de manifiesto en cintas como “Chicha tu madre”, aunque sea sólo para cumplir. A Angie Jibaja, por el contrario, sólo se le puede valorar como cara (figura) bonita.
“El rey de los huevones”. No se puede negar que es un título muy llamativo. Sin embargo, como comedia, posee muy pocos momentos gratos. Sólo se podría rescatar de ella cierto atrevimiento en los minutos finales que alejan a esta obra de un inminente cliché. Pero ello resulta muy poco como para alcanzar una recomendación.
Josué Aguirre Alvarado

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3/22/2007

The pursuit of happyness

En busca de la felicidad
En una palabra: tierna

Aunque no puedo negar que “En busca de la felicidad” es una película simpática, que motiva, conmueve y que podría recomendar sinceramente; también debo decir que no me ha complacido con algunos de sus móviles. Y los comentaré, a pesar que me arriesgo a mostrarme antipático ante el mayoritario público que ha salido satisfecho luego de apreciar el filme en su semana de estreno.
De ese modo, el primer detalle que debo criticar es que toda la trama pretende rebatir el argumento de el dinero no hace la felicidad. La felicidad, la alegría. Ésta se resume en la búsqueda de dinero, de empleo, de beneficios monetario que, cuando se ausentan traen irremediable tristeza. Y, en ese sentido, me impresiona que el filme contradiga otras historias como la del taxista interpretado por John Travolta en “Mira quién habla” o la del vagabundo interpretado por James Belushi en “La pequeña pícara”. Sin embargo, por más metalizado que sea éste móvil, sigue siendo una forma válida de hacer que la historia surja. No obstante, lo que fastidia es que en la película se quiera esbozar una moraleja que no termino de asimilar como positiva. Pienso que el filme pudo resultar mejor si no se hubiese apoyado tanto en una función formativa.

Por otro lado, también me he fijado en otro desacierto: la explotación indiscriminada de un niño. Hitchcock tenía como máxima: “ni con niños ni con animales”, pues el director consideraba que rodar una película con alguno de estos caracteres aseguraba de una manera tramposa la empatía con el público. Es debatible. Yo no estoy completamente de acuerdo con ello, pero sí puedo asegurar que en “En busca de la felicidad” el empleo del niño se percibe un poco abusivo: cumple la función de rellenar huecos, de aparecer para poner puntos cumbres en la trama cuando las desgracias (increíblemente constantes) le dan descanso al protagonista.
Sin embargo, a pesar de todo lo dicho no podría calificar a película como mala. Creo que la salvan las actuaciones de Will Smith y de su hijo (en la película y en la vida real), Jaden Smith; y detalles narrativos como la venta de unos aparatos médicos que nadie
quiere comprarle al protagonista. Asimismo, aprecio algunos momentos de humor y otros tantos que no llego a identificar como cómicos o dramáticos. Es que no sé si me falta sensibilidad o si es que el filme es demasiado meloso para distinguirlos. En todo caso, sí puedo concluir con que sí los disfruté, como la película, en líneas generales.
Josué Aguirre Alvarado

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Wolf Creek

El cazador

En una palabra: delirante

Aún mantengo que el género de Terror es el que menos satisfacciones me ha dejado en mis años de crítico. Sin embargo, junto a semejante afirmación no puedo evitar mencionar algunas honrosas excepciones como “La llave maestra”, “Toolbox murders”, “Silent Hill” y ésta, recientemente agregado a mi lista, el filme australiano “El cazador”. Y es que esta película tiene el mérito de no infundir el miedo sólo por el consabido canal del golpe de sonido; recurso que, contrario a miles de cintas que lo explotan hasta el hartazgo, “El cazador” lo emplea una única vez, para evitar desgaste en el espectador. De esa forma, se ejercen otros métodos para asustar: secuencias Gore y construcciones de suma tensión, acompañadas todas de una vibrante banda sonora. En ese sentido tendría que destacar una excelente secuencia que, particularmente, tomaría como ejemplo para explicar qué es cine de terror. Me refiero al momento en el que el asesino de la película se muestra como el cazador que es y se lanza a la persecución de sus víctimas en la carretera. Una secuencia delirante. Sin embargo, en el mismo metraje, también se puede destacar otro fragmento que transmite un sentimiento muy distinto, aunque igualmente poderoso: el romance. Hallamos así una escena en la que los jóvenes protagonistas se besan por
primera vez entre risas. Es una corta secuencia que, filmada de manera sencilla y sin palabras, se aprecia por su deliciosa ligereza inherente en cada uno de los protagonistas.
Ahora, si de personajes hablamos, mentiríamos si no decimos que el más convincente (y el más original, por cierto) es el cazador: un ser desquiciadamente complejo, aunque siempre justificado. Tanto así: se podría crear un mito al rededor del personaje sin la necesidad de señalar que existe en la vida real, como lo hace reiterativamente el filme.
En “El cazador”, por desgracia, hay algunos errores que impiden que la cinta sea perfecta. Y, en ese sentido, detecto dos deméritos: el primero, que la historia concluye de manera facilona, soltando unos datos reales que conceden un carácter documental,
pero que cierran las puertas para una conclusión más original o más trabajada; el segundo, que en algunos momentos, el filme se pone medio turisticón, así vemos en una secuencia toscamente didáctica, cuando los protagonistas llegan a un lugar de interés para el viajero. No obstante, no quisiera hacer mucho hincapié en estos deslices. Son cosas que puedo perdonar considerando que la totalidad del filme constituye un trabajo bien realizado y muy recomendable, por lo demás.
Josué Aguirre Alvarado

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3/19/2007

The Upside of Anger

Adorablemente enojada

En una palabra: adorable

Esta semana han llegado a nuestra cartelera dos comedias sutiles: extraña forma de cine que, para el público peruano, acostumbrado al estridente humor disparatado que hace poco nos llegó por cuenta de “Todas contra John”; suele calificar como aburrida. Con todo, este tipo de películas de humor inteligente, representan un manjar para unos pocos que gustamos de momentos amenos, bajos en “azucar” y referidos comúnmente a temas tan cotidianos como la familia. Así nos encontramos con “Adorablemente enojada”, una cinta que, a pesar de tener algunas secuencias cargadas de drama, verdadero drama, no desentona con la pizca de comicidad que propone el director.
Apreciamos una sensación agridulce, como el carácter de Terry Wolfmeyer, protagonista del filme. Recordemos que el título de la cinta, traducido de manera acertada al castellano como “Adorablemente enojada”, señala la complejidad psicológica de esta mujer, una manera de ser que con genialidad logra transmitir la actriz Joan Allen. Allen enfrascada en su papel, y en el centro de la historia, ve girar al mundo de una forma paranoica. No obstante, después va aprendiendo que la gente de su alrededor es más bondadosa de lo que cree. ¿Podríamos, entonces, hablar de una película bonachona y cargada de enseñanzas para la vida? Sí, pero ni este ni ningún filme debe reducirse sólo a eso, pues no es la principal razón de ser del cine. Y no sé si será la culturización o el simple entretenimiento. Pero lo cierto es que en una película siempre se aprecian más cosas que las moralejas. Por ello, en “Adorablemente enojada”, aprecio los modos de narrar; una estructura regresiva que enmarca todos los hechos en un funeral, aprisionándolos en medio de un misterio que impide, y de manera acertada, la espera de un final feliz. Tras conseguir esa tensión, hacia el final hallamos una virtud que hace que de esta película, aunque siempre sencilla en cuanto a su planteamiento, un ejercicio muy poco predecible.

Otros detalles a apreciar: la actuación de Kevin Costner y la del resto del reparto. Creo que se ha hecho un buen cásting; del que es responsable, en parte, el director independiente Mike Binder. Como curiosidad comentaré que el realizador se da el gusto de aparecer en la cinta como el excéntrico productor de radio que, en su momento, profesa un buen discurso acerca de sus anormales preferencias sentimentales.

Josué Aguirre Alvarado

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Keeping Mum

Sálvese quien pueda

En una palabra: divertida

La otra película recientemente estrenada de humor inteligente es “Sálvese quien pueda”. Pero ¡ojo!, no hay que confundirla con “Las vacaciones de Mr Bean”, puesto que, si bien Rowan Atkinson aparece entre los créditos, el actor no encarna a su acostumbrado personaje y a penas pinta como un actor secundario: un vicario anglicano, jefe de familia que, antes bien, su principal problema es no saber hacer reír. Qué ironía.

De esa forma, el protagonismo, y con él el peso cómico del filme, se halla en la figura de Maggie Smith, que caracteriza a una especie de Mary Poppins excéntrica, que llega a la casa del clérigo a mejorar la vida de su familia en un pequeño pueblo inglés; pero de un modo algo violento. La Smith está genial, con una cara de yo no fui y, sin embargo, haciendo el papel de una justiciera criminal. Es sumamente jocosa. Sin embargo, debemos considerar que la compañía perfecta es Kristin Scott Thomas, con una apariencia inocente pero también fresca y presta para la hilaridad. Podría decirse que en “Sálvese quien pueda”, la comicidad está en manos femeninas. Sin embargo, no seríamos justos con un sorprendente Patric Zwayze que, ya pasados sus años mozos, se ha dedicado a burlarse de sus anteriores trabajos como galán de turno encarnando a un personaje extravagante que, al ser norteamericano, funciona en clave de comedia disparatada; un elemento al que las inglesas Smith y Scott Thomas parecen combatir desde sus personajes dentro del filme.


“Sálvese quien pueda” es una cinta dirigida por el británico Niall Johnson, realizador de pequeñas películas, sin mucho presupuesto. Ahora escribe y dirige este filme un tanto comercial que, a grandes rasgos se puede considerar como una interesante alternativa para quienes gusten de la comedia fina hecha para adultos.
Josué Aguirre Alvarado

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3/11/2007

John Tucker must die

Todas contra Jhon

En una palabra: divierte

Al contrario de la decepción que sufrí con “Babel” tengo que decir que, en “Todas contra Jhon”, he encontrado más detalles gratos de los que esperaba. Aún ignoro si esto se debe a que quizá tenía puestas las expectativas demasiado bajas en el filme. Sin embargo, lo que sí puedo afirmar es que, aunque “Todas contra Jhon” es la típica e idiota película de escuela norteamericana que bien se ha parodiado en más de una ocasión, cumple con mostrarnos ciertos momentos jocosos; secuencias dadas, en gran parte, por la personalidad del secundario Jesse Metcalfe, en el papel de John Tucker.
En verdad no creo que Jesse Metcalfe, cumpla con la misma efectividad que hubiera tenido Amanda Bynes en “Una chica en apuros”. Tampoco creo que haya resplandecido Brittany Snow, aunque ella repita el mismo papel que la Bynes en la mencionada película. Sin embargo, algo tiene Metcalfe en “Todas contra Jhon” que lo hace simpático, que cae bien y que hace que su papel resulte creíble. No se puede negar, que, los gags que le destina el predecible guión de la película, son refrescados por Metcalfe, potenciándolos en varios puntos. Tiene que ser así. Las otras cuatro protagonistas, que deberían ser graciosas, no simpatizan en ningún momento del filme.
Ahora, la trama, como ya venía adelantando, es de lo más predecible. Tanto así: se pone trabas a sí misma. Y es que por seguir las “reglas” de la comedia de escuela, “Todas contra Tucker” se conduce hacia un final distinto de lo establecido. Entonces, para evitar originalidad, hacia los minutos finales, el guión gira incoherentemente para que el filme se resuelva como siempre ocurre en las miles de comedias de adolescentes en las que un grupo de chicos populares mandan y otro, (dígase, los nerds), obedecen. Todo preestablecido. Holly Jamma Lamma! Y después se preguntan por qué hay matanzas como la de Columbine.
Josué Aguirre Alavarado

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Babel

Babel

En una Papabra: Regular

Decepcionante. Cannes y Hollywood hicieron demasiada alharaca con este filme. Y es que “Babel” es una insípida película que sólo que explota los estereotipos más quemados que existen en el cine para con los latinoamericanos y los musulmanes. Me sorprende un poco esto. Creí que Alejandro González Iñárritu, director de la cinta, por su origen mexicano, podría exponer un punto de vista más enriquecedor acerca de la situación de nuestros pueblos y no la misma perspectiva de un gringo ignorante. ¿Donde vive? Creo que en California.

“Babel” retrata a un grupo de mexicanos que, al perecer y como todos en ese país, viven en el caos mientras organizan salvajes parrandas que resultan incomprensibles para los modos estadounidenses. De la misma manera, vemos que, al otro lado del mundo, a una familia campesina árabe sueña con poseer un arma que, casi por obligación, sería el nuevo juguete de dos niños; dos chiquillos que el director retrata como tiradores natos. Clichés Incluso, en “Babel”, los estadounidenses no se salvan. Y es que, a la par que el director utiliza personajes complejos, como el matrimonio que viaja a Marruecos; aparece la archiconocida imagen del petulante policía gringo de frontera. En esa línea sólo me resta comentar que los únicos carecteres bien construidos son la familia japonesa, puesto que en ella los prejuicios quedan de lado en favor de una historia que, aunque un tanto parca (como casi todo en el filme), se puede resaltar como lo más original de la cinta.

A “Babel” le falta la chispa y la emotividad que sí poseen cintas similares, también nominadas al Oscar en años anteriores, como es el caso de “Crash”, de Paul Haggis. Por eso, en “Babel” se opta por la profusión. Se narra una historia conformada por cuatro pesadas sub tramas que se unen en circunstancias, vale comentar, muy poco verosímiles.

Tengo que mencionar, por otro lado, que tampoco he percibido innovación dentro del cine de González Iñárritu. He visto la misma estructura narrativa que el realizador empleó en sus dos anteriores trabajos: “Amores Perros” y “21 gramos”.
Josué Aguirre Alvarado

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3/09/2007

Flags of our fathers

La conquista del honor

En una palabra: extraordinaria

Ahora, la otra cara de la moneda. Afortunadamente. Y es que, tras un mes de estrenos más bien mediocres, ya hacía falta que llegara a nuestro cine una película tan buena como esta.
Antes que nada, voy a tener que pasar de hablar acerca del director de este filme, el maestro Clint Eastwood. Dejaré de hacerlo por cuestiones de espacio y porque continuamente lo cito cuando tengo que hablar del buen cine. Por ello en esta ocasión sólo me remitiré a hablar de la obra.
De ese modo, para comenzar he creído conveniente comentar un pequeño desliz en “La conquista del honor”. Resulta que la película gasta un considerable tiempo en escenas bélicas que carecen de otra función distinta a la pomposidad. Esta longitud de las secuencias me hace pensar si esta cinta pretende competir con la introducción de “Salvando al soldado Ryan”. No obstante, fuera de esa falla (que lamentablemente impide que el filme sea perfecto), esta nueva realización de Clint Eastwood es casi una obra maestra; y no precisamente por adentrase en la belicosidad ni en la gloria del momento cumbre de la Segunda Guerra Mundial, sino por tratar un suceso curioso que, sin embargo, acarrea una serie de dramas humanos poco considerados en el cine; arte que suele rendirse ante el avasallador panorama de la guerra más sangrienta de la historia.
Una cosa que podría parecer un conejo salido de un sombrero de mago sería todo el marco que encasilla la historia. En él, un veterano acapara la narración de la historia hasta que al final la cede a un moribundo ex combatiente que perece contando sólo una anécdota de guerra. Sí, podría parecer un giro absurdo. Sin embargo, personalmente opino que, con esta maniobra de guión, Eastwood aterriza la historia sobre un hecho hermoso, un suceso tan poco relevante (como lo es la historia que trata filme con respecto la Historia Universal) pero que aleja la culminación de la cinta de aquel final desesperanzador que todo espectador imaginaría.
No obstante, ante todo lo dicho, debo recalcar que tanto mi crítica como la obra de Eastwood están incompletas; puesto que “La conquista del honor” es sólo una parte de los hechos. Éstos los podremos apreciar en “Cartas desde Iwo Jima”, un filme que la crítica ha coincidido en calificar como superior artísticamente. Ojalá nuestro cine nos sorprenda esta semana con el estreno de esta película.
Josué Aguirre Alvarado

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Ghost Rider

El vengador fantasma

En una palabra: insufrible

Bien, esta semana tuvimos dos estrenos que, personalmente podría localizar en las antípodas de la cinefilia. Digo: a la par de lo extraordinario, he presenciado lo denigrante. Así organicé esta crítica hoy. Y, como quiéralo o no, la percepción del lector ante su servidor es la de un crítico negativo, le daré en la yema del gusto y comenzaré con lo que sencillamente quiero calificar como una de las peores adaptaciones del cómic al cine: “El vengador fantasma”.
Para comenzar: “Hulk”, “El hombre araña”, “Ultravioleta”, “Batman”, “Superman”, V de venganza”, “Los cuatro fantásticos”, “300”, “Punisher”, “Daredevil”, Gatúbela”, “Elektra”, “Sin City”, “Constantine”, “El cuervo”, “Spawn”, “Blade”... ¿Ya no son demasiados superhéroes adaptados desde cómic? ¿Hacía falta uno más? ¿Acaso no aburre tanto de lo mismo, sobre todo cuando los personajes se presentan con historias más o menos parecidas? Juzgue usted como espectador, yo sólo me remito a comentar el filme. Así, no debo dejar de decir que dentro de los innumerables desaciertos, en el metraje ubico un toque de comedia que nunca se llega a entender. Y no es que una pizca de sentido del humor esté siempre mal. Creo que ésta puede funcionar siempre y cuando un filme no pretenda ser tan oscuro como éste. Otra flaqueza del guión se halla en las contradictorias secuencias iniciales; momento en el que el personaje del diablo maldice al protagonista para que se olvide de su familia, de sus amigos y de su novia. Sin embargo, y como si nada, todo el filme funciona al revés puesto que los tres móviles del personaje central son precisamente recobrar a su novia, vengar la muerte de su padre y simplemente pasar un buen rato con los amigos. Otra cosa que también fastidia: creo que todo superhéroe debe tener enemigos a la altura, obstáculos que proporcionen cierta emoción a la historia; no villanos fáciles de vencer como los idiotas fantasmas que el “Vengador” destruye en un dos por tres.En lo que refiere a las actuaciones, de Nicholas Cage, no tengo más qué decir excepto que era lo esperado. Como ya he comentado con anterioridad, le tengo tan poca estima como a Eva Mendez, su pareja en el filme; pero más que al director, Mark Steven Johnson; responsable de otros bodrios cinematográficos como “Daredevil” o la producción de “Gabtubela”.
Josué Aguirre Alvarado

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The illusionist

El ilusionista
En una palabra: decepcionante

No sería honesto si dejo de mencionar la inminente similitud entre “El ilusionista” y “El gran truco”; película que, personalmente, podría calificar como lo mejor del año pasado (y por ello me entristece que sólo haya durado una semana en cartelera, al igual que “Una historia violenta” o “Solas”). Pero, antes que nada, quiero dejar en claro que esta comparación es, dejando de lado las diferencias entre la maestría de Christopher Nolan y el segundo debut del sobrevalorado Neil Burger.
Así, he de halagar el hecho de que Burger ha hecho suya una historia, que se escribió a manera de cuento (“Eisenheim: The illusionist”), para luego adaptarla a un filme de casi dos horas. Aprecio este trabajo creativo. Sin embargo, también debo criticar la poca agilidad del filme, letargo que en un momento dado casi termina por hacerme dormir. Y eso lo comento dejando de lado el tema del abuso de tópicos, escenas previsibles y un desenlace que, si no fuese por su acartonamiento, parecería cumplir la misma función que el de “El gran truco”.
Vale comentar, y disculpe el lector por abusar de la comparación, que “El ilusionista”, contrario al “El gran truco”, recurre a evidentes e inverosímiles efectos especiales para conseguir con trampas lo que el filme de Nolan hacía de una forma osada y real. Nolan trataba de manera certera describir el mundillo de la mágica de finales del XIX; no con ilusiones defectuosas que dejan todo en el nivel de la fantasía y el cuento de hadas: había una vez + magia + y vivieron felices para siempre.
Sin embargo, hay que reconocer que la atmósfera de “El ilusionista” es más o menos encantadora, que se desarrolla a finales del XIX en Viena (a diferencia de “El gran truco” que se desarrollaría paralelamente en Londres) y en medio de ciertos conflictos políticos que, a mi parecer, han sido bien abordados y levantan este filme de lo absolutamente comercial (aunque este también fuera el recurso de “Gladiador”).
En fin, con todo no creo que pueda dar mis recomendaciones a este filme, por más de que tenía muchas expectativas puestas en él. Y lo siento, pues así tendré que dar una crítica mala sobre un filme de Edward Norton y Paul Giamatti, actores que me han maravillado en otras cintas como “La hora 25” o “Entre copas”. Una lástima.

Josué Aguirre Alvarado

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Blood diamond

Diamante de sangre

En una palabra: Regular

“El último samurai” entusiasma tanto como “Memorias de una geisha”. Por ello, el hecho de presentar a Edward Zwick, director de “Diamante de sangre”, con el supuesto mérito de haber realizado el primer filme mencionado, sólo se puede tomar como una forma de referirse a él como “el realizador de cine comercial de...”
Por ello, aunque su más reciente producción aparentemente gana el favor de la crítica por contener algunos momentos conmovedores (como el discurso del padre que tiene ante sus ojos a su hijo convertido en un criminal apunto de matarlo); la lírica en “Diamante de sangre” es interrumpida constante y horriblemente por ruidos de disparos y explosiones que no parecen circunstanciales, sino harto planeados por el director. ¡Arriba los disparos!, ¡abajo el drama! A ello habría que sumarle la incursión de varias secuencias de acción gratuitas como aquella que se inicia sin más pretexto que un recorrido periodístico. En este sentido “Diamante de sangre” tiene mucho qué aprender de “Hotel Rwanda”, un filme magistral que describe un conflicto bélico más o menos parecido, minimizando las escenas de acción y potenciando las impactantes ambientaciones, de tal modo que se aprecia, en un determinado momento, al protagonista del filme encima de un cerro de cadáveres; cuerpos a los que no los hemos visto ser atravesados por una bala para saber cómo han caídos. ¿Imágenes duras? Sí ¿Disparos? No. En “Diamante de sangre” ocurre todo lo contrario, la acción, la violencia y las muertes impactantes ocupan un rol protagónico con el que este filme pretende atraer; recurso banal si no viene acompañado de otro componente adicional. Así, citando a una cinta de la talla de “El señor de la guerra”, hallamos un metraje documental que gana ampliamente en impacto y violencia; pero también en información y en descripciones dramáticas de los compradores y consumidores de armamento: el agregado, el eje dramático. De ello cojea “Diamante de sangre”, película que sólo se limita a desarrollar una chlicheteada historia a través del personaje interpretado por Djimon Hounsou, una subtrama que se pudo explotar más para que roles como el de Leonardo DiCaprio no queden como el de un Rambo o el de Jennifer Connelly, como el de la doctora Kendricks, en “Lagrimas del sol”. Ya estamos un poco hastiados de ello.
Josué Aguirre Alvarado

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Déjà Vu

Déjà Vu
En una palabra: regularona

Ésta es la otra película que basa su argumento en viajes temporales. Sin embargo, al contrario de “Regresiones de un hombre muerto”, que plantea que el porvenir es muy fácil de cambiar, como en “Volver al futuro”; “Déjà vu” expone que variar el paso del tiempo es muy complicado. Y ello se debe a una suerte de predestinación que queda tratada de una forma un tanto blanda.
Ahora, en “Déjà vu” no veo mayor error en la trama (contrario a “Regresiones de un hombre muerto”). Y no sé si por consecuencia de ello debería comentar que esta película parece estar hecha al “estilo Denzel Washington”. Sin embargo, lo que sí sé es que hay algo que me fastidia de la trama y no es un error formal. Así, ves que hacia el final del filme se derrumba todo lo interesante que planteaba el director desde el comienzo. Y es que tras una amplia introducción que se asocia con el género del Thriller, la cinta desemboca hacia algo un tanto irrisorio, que no podría comentar aquí para no destruir los ánimos de quien esté dispuesto a espectar este filme. En cambio, sólo diré que “Déjà Vu” es otra más de esa cintas que siempre tratan de dejar bien parados a los agentes del FBI y otras organizaciones de seguridad aparentemente infalibles de Estados Unidos. Da lo mismo: de todas formas ya podemos predecir cómo acabará el cuento.
Entonces, salvo por el suspenso inicial, la cinta se hace excesivamente larga. Son dos horas, pero parecen cuatro. Sobreabundan datos innecesarios como aquella compleja descripción de la maquinaria de los “federados”, un tremendo rollo que a nadie le interesa y que quizá se pudo dejar de lado como en “regresiones de un hombre muerto”, puesto que la ficción suele soportar este tipo de cosas.
Para terminar, debo decir que, a diferencia de “Regresiones de un hombre muerto”, “Déjà Vu” no posee brillantes actuaciones. Sí, es cierto que Denzel Washington y el acabado Val Kilmer (nótese el humor con el que se lo dicen en del filme) hacen algo por
el filme, pero esto no resulta suficiente.
Josué Aguirre Alvarado

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The jacket

Regresiones de un hombre muerto

En una palabra: buena

Esta semana se estrenan dos películas que tratan sobre viajes en el tiempo. Por tanto, en esta página, creí conveniente dedicarme a comparar ambos filmes, dejando de lado otras alternativas. Así, la primera película a la que me referiré será a la del inglés John Maybury, desconocido realizador de obras irrelevantes como “Genetron” o “Man to Man”. No obstante, y ya exhibiéndose ante las masas, Maybury ahora nos trae una atractiva cinta que, a pesar de algunos deslices, se puede llegar a disfrutar, sobre todo si el esperador es de los que sabe apreciar metrajes sólo por sus actores.
“Regresiones de un hombre muerto” es un filme que tiene el mérito de ser sencillo. Hablamos, entonces, de una historia simple, de un guión que, como alguien me comentaba recientemente, se podría describir en menos de 20 palabras. Sin embargo, con tan poco, John Maybury monta una inteligente estructura anacrónica que resulta sinceramente cautivante. Ahora, es cierto que hay secuencias innecesarias, como aquellas protagonizadas por Daniel Craig; secciones del filme que no aportan mucho al desarrollo global pero, por su comicidad, sirven como cambios de aire que impiden la monotonía y el agotamiento en el espectador.
Por otro lado, la trama de “Regresiones de un hombre muerto”, posee un grave error que no podría dejar escapar. Toda la historia constituye un círculo vicioso sin inicio ni comienzo. Y es que en el filme el futuro es consecuencia del pasado; y el pasado, del futuro. Luego, no hay un origen lógico para los hechos. Esto se aprecia más claramente en el siguiente ejemplo: el protagonista (Adrien Brody ) viaja al futuro y ahí descubre que su amiga doctora (Jennifer Jason Leigh) ha curado a un chico de sus problemas mentales. Ocurre que ella lo ha hecho porque el personaje central, en el pasado, le había dicho qué hacer. No obstante, éste no le hubiese podido servir de ayuda si es que la doctora en el futuro no le comentara el procedimiento que siguió. Entonces: ¿Quién tuvo originalmente la solución para el chico? ¿La nada?
Con todo, no sabría decir si “Regresiones de un hombre muerto” es una mala película. Lo que sí sé es que, a nivel actoral, la cinta debería tener no menos de 5 estrellas. Las geniales actuaciones de Kris Kristofferson, Adrien Brody, Daniel Craig y Keira Knightley (en ese orden) levantan la calificación de este filme a tal punto que se podría hablar de una película de actores.

Josué Aguirre alvarado

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5/23/2006

Date Movie

No es otra película de amor
Malísima/buena

Los guionistas de la burlesca saga “Scary Movie”, Jason Friedberg y Aaron Seltzer, vuelven a las andanzas. Pero, ¡Sálvese quien pueda!, ahora han acaparado el papel de la dirección. El resultado ha sido de los peores: una película poco imaginativa que gira siempre en torno a la vulgaridad. “No es otra película de amor” es el nombre de este mamarracho que, si no tuviese como atractivo parodiar las comedias románticas de Hollywood, podría ser considerada la peor cinta de la historia; aún por debajo de los grotescos filmes del excéntrico John Waters.

Para algunos Friedberg y Seltzer han conseguido algo singular: mofarse de los géneros más populares y mecanizados de Hollywood: el terror y las comedias románticas. No obstante, las películas que escribieron estos personajes, junto a “No es otra tonta película americana”, parecen tener su origen en el humor de las ochenteras “¿Y dónde está el piloto?” o “Police Academy”. De esa manera, hallamos en este grupo fílmico, las siguientes coincidencias: un humor abusivo y descabellado; actores repetidos; reminiscencias a películas inmediatamente anteriores que, supuestamente, habrían de marcar una época. Pero, cómo las cintas originales no tuvieron una larga vida, las parodias de éstas se perdieron en el más completo olvido. Sin duda, similar destino tendrá la saga de “Scary Movie” en unos cuantos años más y esta olvidable producción.

Caso contrario ocurre con “La loca historia de las galaxias” o “Drácula: muerto pero feliz”; dos metrajes que parodian a los clásicos de todos los tiempos: “Drácula de Bram Stoker” y “Star Wars”. Ahora, con esto no estamos diciendo que “No es otra película de amor” no deba ser vista. Todo lo contrario. Si ha de presenciarse, éste es el momento. Después, si esperamos dos años a que la producción sea transmitida por cable (o cuatro años en Tv de señal abierta), sería infinitamente tarde. Las imágenes saltarían por toda la pantalla y el espectador no cesaría de preguntarse ¿Se están burlando de una película? Y es que para fortuna del ser humano, su naturaleza lo ha dotado de mecanismos con los que borra de la mente la información banal. Luego, las películas en las que se basa “No es otra película de amor” son de ese tipo.

Sin embargo, en “Date movie”, hay cuestiones más estructurales que sí valdría la pena mencionar. Hayamos, por ejemplo, la ridiculización del consabido argumento del filme romántico: dos jóvenes que se enamoran perdidamente a pesar de la oposición de sus padres. Quizá esto le dé un poco más de vida a este esperpento antes de pasar al inevitable olvido. Y es que, desafortunadamente, es muy posible que aún se hagan más películas de amor de ese tipo.

Por último, si la escatología fuese una ciencia, “No es otra película de amor”, sería una obra notable. Así es, la cinta de Jason Friedberg y Aaron Seltzer es orgánicamente nauseabunda. Creemos que éste, para algunos su peor defecto, podría llegar a ser una virtud. Y es que no se puede negar que en la representación llega a transmitir una sensación fuerte. Pero, insistimos, dejémoslo como una posibilidad.
Josué Aguirre Alvarado

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5/21/2006

The Da Vinci code

El código Da Vinci
Regular

Si hay algo que el director Ron Howard sabe hacer bien es entretener. Lo ha demostrado en atractivas cintas como “Willow”, “Apolo 13” o “El luchador”. De la misma manera, su película número 27, “El código Da Vinci”, aunque por debajo del nivel de las obras mencionadas, no parece ser la excepción. Es el vacilón de fin de semana. Pero nada más. Y es que el filme, basado en el controversial libro del estadounidense Dan Brown, no llega a colmar las expectativas. Y no es por cucufatería…

“El Código Da Vinci” se ha venido anunciando como una película que, al igual que la novela, removería los cimientos de la Iglesia Cristiana y de la Humanidad en general. Sin embargo, las supuestas revelaciones “contra-católicas” no resultan novedosas. Ideas como las de afirmar que Jesús sólo fue un hombre común y que además tuvo descendencia con María Magdalena; ya han rondado en prédicas de otras religiones y en las páginas de autores como el ruso Nikos Kazantzakis o los ingleses Michael Baigent y Richard Leigh. Por ello, estarían explicados los continuos juicios que ha tenido que enfrentar Brown por plagio.

No se puede negar que las mencionadas especulaciones (llámelas leyendas populares) no dejan de remover el interés y crean intriga. ¿A quién no le parecen atrapantes las deducciones de Robert Lagndon o Sir Leigh Teabing? Aquí entran en juego las abultadas ventas del libro de Dan Brown (que superan los 30 millones de ejemplares) y la gran taquilla que seguramente conseguirá la película de Ron Howard. No obstante, todas las deducciones (bien construidas, por cierto) tienen una base endeble: las travesuritas artísticas de Leonardo Da Vinci. Juegos: Sólo eso. ¡Vamos! ¿Qué utilidad tendría, por ejemplo, escribir libros de derecha a izquierda?

Otra disfunción la hallamos en la aparición abusiva de símbolos en casi todos los diálogos. La superposición forzada de todos ellos se percibe tan huachafa como esta conversación entre los protagonistas: --los Caballeros Templarios usaron como pantalla el mandato de recuperar los lugares santos. Lo que realmente querían era proteger el Santo Grial … Por ello, la Iglesia los mandó a matar un viernes trece--.--¡El día de mala suerte!--

Todo esto nos hace especular que el multimillonario Dan Brown ha metido en una cacerola toda clase de argumentos punzantes sólo por el hecho de serlo. Además, éste los ha mezclado con una historia, entretenida, es verdad, pero que más se asemeja a aquellos libritos infantiles de “Resuelve el misterio”. Por si fuera poco, el autor incurre una serie de clichés fastidiosos propios de los Best Sellers. De esa manera, comenzando por que el título del libro recoge el nombre del más famoso pintor de la historia y siguiendo por los hábitos franciscanos de Silas (que, como si estuviésemos en el siglo XVII, ridículamente deben caracterizar a cualquier monje); se puede afirmar que el contenido cognoscitivo del libro y la película es realmente pobre y que cualquiera se da cuenta de ello.

De igual forma podemos encontrar, en el rol protagónico, a un galán con claras reminiscencias a Indiana Jones o a un fofo recorrido turístico (¡cómo si Francia sólo fuese la Torre Eiffel o el Museo del Louvre!). No obstante, la película de Ron Howard desintoxica algunas de estas disfunciones. El director convierte los espacios en sitios oscuros y confusos. Por otro lado, Howard transforma a Lagndon, en un personaje que, si bien sigue siendo plano, se muestra más creíble que el de la novela.

Pero hay que ser justos. Parte del crédito lo tiene la interpretación de Tom Hanks. Él, junto a Audrey Tautou, Jean Reno y Paul Bettany son los mejores componentes de esta mediocre película. Las actuaciones. Sí. Podríamos hablar de una cinta de actores. Lástima que el guión no haya dado para más. Estos muchachos sí podían.
Josué Aguirre Alvarado

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3/12/2006

p3k: pinocchio 3000


Pinocho 3000
Calificación: mala

H
abía una vez una mamá que había leído “Pinocho”, del escritor italiano Carlo Collodi, para comprobar si era cierto eso que decían los críticos de cine: “la película de 1940 realizada por Walt Disney se aleja mucho del espíritu del libro”. Y, en efecto, cuando la madre tomó el libro, pudo comprobar que algunas cosas variaban pero que éstas no contradecían los temas centrales; es decir, el arrepentimiento, el amor de padre a hijo y la amistad. De esa manera, se dio cuenta que la película de su infancia era buena (en una manera poco distinta al libro) y no dejó de entusiasmarse cuando se enteró del estreno de una nueva versión del libro de Collodi: “Pinocho 3000”, una producción canadiense que significaba el debut como director de Daniel Robichaud. Entonces la mamá llevó a sus hijos al cine.

Así, cuando comenzaron a proyectar la película, la madre se sorprendió con algunas variaciones como el uso de la animación por computadora y la ambientación futurista. A priori pensó éstas eran equivalentes a las que realizó Disney hace 65 años y, por ello, mantuvo las expectativas. Sin embargo, después vería algo que la comenzaría a desilusionar: Gepeto, el gran artista de la madera se había transformado en un tecnócrata que sin la ayuda de ninguna magia podía dar la vida a un pedazo de metal. Notó, además, que la famosa hada madrina que originalmente proporcionaba alma a Pinocho no tenía nada que hacer en esta obra más que darle un poco de comicidad al asunto.

No obstante, no pudo reflexionar demasiado porque sus hijos se empezaron a sentir un poco inquietos con los dibujos. ¿Y para que negarlo? Los personajes que aparecían en la pantalla eran antipáticos, poco amigables y demasiado puntiagudos. La madre inventó una respuesta que los tranquilizaría un momento: “son niños del futuro”. Sin embargo, nunca pudo explicarse a sí misma porqué en la película se odia gratuitamente el desarrollo de una gran metrópolis y se protege de modo tan ferviente de la naturaleza. ¿Ecologismo forzoso? En ese momento recordó que sus niños, como todos los que conocía, se han divertido más en un citadino parque de atracciones que en un solitario campo de cultivo.

Con todo, trató de equiparar mentalmente la historia que conocía con la que le estaba ofreciendo “Pinocho 3000”, pero no pudo. Y es que, en la versión original, se podían rescatar las figuras humanas de “Gepeto” y “Pinocho”, cosa que no ocurría con la película que estaban viendo. En ella, los conflictos personales eran dejados de lado en favor de interminables secuencias de acción. “Pinocho 3000” no estaba ahondando en las necesidades humanas de un anciano que quería tener un hijo que la vida nunca le pudo dar, ni tampoco en la psicología beligerante de un niño que debe descubrir qué es el bien y el mal y que debe aprender a no mentir.

De esa manera, en un determinado momento de la película, a Pinocho le comienza a crecer la nariz y los niños, cuando vieron eso, empezaron a hacer preguntas. La madre les explicó que la nariz le crece cuando miente y pensó que era el colmo. ¿Tan descuidados habían sido los guionistas al olvidar explicar la característica fundamental de la historia?

La función terminó. La madre camino a casa encontró, en una tienda de videos, la versión de 1940 de “Pinocho” y la alquiló para que sus hijos vean una buena película. Al cine no regresarían hasta que se exhibieran obras de mayor calidad artística como aparentan ser las cintas de animación “Valiant” o la nueva puesta en escena de “Walt Disney Pictures” y los estudios “PIXAR” (menos mal que se amistaron), “Cars”. Así trataron de vivir felices para siempre.
Josué Aguirre Alvarado

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